¡Bojacá, llegó el momento de subirnos al tren!
Por Fabio Arturo Gómez Garrote
Cundinamarca vive un hecho histórico con el inicio de la construcción del corredor férreo del Regiotram de Occidente. Este tren de cercanías contará con 17 estaciones en la ciudad de Bogotá y en los municipios de Funza, Madrid, Mosquera y Facatativá. Se estima que movilizará alrededor de 140 mil pasajeros diarios, en un recorrido de 40 kilómetros que tomará aproximadamente 45 minutos por trayecto, disminuyendo sustancialmente los tiempos de desplazamiento. Para el año 2027 se proyecta que la ciudadanía haga uso de este medio de transporte amigable con el planeta.
Cabe resaltar la importante labor desarrollada por los gobiernos nacional y departamental, a través de sus diferentes administraciones, enfrentando retos significativos para que hoy Cundinamarca sea un referente en movilidad sostenible, con la futura entrada en operación de un tren 100 % eléctrico. Expreso mi total admiración a los gobernadores que han promovido este proyecto, especialmente a Nicolás García y Jorge Emilio Rey Ángel. Asimismo, es necesario reconocer la visión de los presidentes Juan Manuel Santos, Iván Duque y Gustavo Petro. Más allá de las diferencias políticas, la planeación y ejecución de obras de gran impacto poblacional deben prevalecer y continuar.
Debo confesar que sentí cierta melancolía al no escuchar la palabra Bojacá en ninguno de los discursos protocolarios. Qué lindo sería para nuestro municipio que los futuros usuarios del Regiotram —nacionales y extranjeros—, además de disfrutar las deliciosas mantecadas en Funza, maravillarse con el desierto de Mondoñedo en Mosquera, saborear las tradicionales obleas en Madrid y visitar las majestuosas Piedras del Tunjo en Facatativá, también pudieran enamorarse de los atractivos turísticos que ofrece Bojacá. ¡Nos merecemos estar vinculados a este importante capítulo de la historia colombiana!
Durante su intervención, el presidente Gustavo Petro manifestó la necesidad de que la Sabana Occidente viva concentrada, densificada, con agua y tierra fértil para alimentar a sus poblaciones. Posteriormente señaló: “Una equivocación aquí equivale a que nuestros hijos no podrán vivir aquí. Incluso nosotros mismos, más de viejos”.
En este momento de la historia, en el que el significado del desarrollo sostenible cobra mayor relevancia en el imaginario colectivo, no podemos cometer errores que profundicen las brechas de desigualdad entre municipios. Debemos procurar seguir disfrutando de la vida en nuestra tierra; que nuestros hijos y sus descendientes tengan la bendición de crecer en nuestro pueblo sin verse forzados a migrar por falta de garantías sociales. Merecemos vivir en Bojacá y ser partícipes de iniciativas regionales que contribuyan a nuestra felicidad, entre ellas una movilidad incluyente, que favorezca nuestra economía y mejore el tiempo de calidad de quienes nos desplazamos diariamente hacia Bogotá y municipios vecinos.
No podemos permitir que nos deje el tren. Si bien este tema no pareció ser prioritario en la agenda de anteriores gobiernos locales, no se puede llorar sobre la leche derramada. Hoy es más necesario que nunca planear un método viable para integrar a Bojacá a este modelo de transporte ligero. Cualquier propuesta administrativa futura, desde su programa de gobierno, debe incluir la vinculación al Regiotram como una prioridad, con estrategias sólidas, financieramente viables y ejecutables.
Llegó el momento de la prospectiva, participar en una movilidad integral y pensar en el 2027.
