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Bogotá, nuestra voz la repiten los siglos

Por Fabio Arturo Gómez Garrote

Ciudad de 2.625 metros sobre el nivel del mar, que acoge a más de ocho millones de personas sin importar su procedencia, color de piel y formas de concebir la existencia. Metrópoli que concentra los poderes económico, judicial, legislativo y ejecutivo nacional. Cuna de grandes pensadores, líderes políticos, artistas y deportistas. En tus calles se ven implícitas la memoria y la lucha de valiosos próceres que hicieron de ti la capital de Colombia. Bacatá, en la patria no hay otra ni habrá.

El 6 de agosto del 2020, Bogotá cumplió 482 años de fundación. De acuerdo con los registros históricos de la Secretaría General de la alcaldía, la villa de Santafé surgió desde que Gonzalo Jiménez de Quesada, después de someter a los muiscas y tomar sus riquezas, instauró el campamento militar Nuestra Señora de la Esperanza; en donde actualmente se encuentra el Chorro de Quevedo. Posteriormente, el 27 de abril de 1539 se reconoció como ciudad, ya que para esa fecha se cumplieron con todos los requerimientos burocráticos exigidos por los mandos españoles.

Nací en Bogotá el 17 de abril de 1995. Estoy agradecido con la ciudad por todo lo que me ha brindado. Tuve la grata fortuna de recibir mi educación, desde el preescolar hasta la universitaria, en instituciones que formaron mi carácter y ayudaron a construir una posición crítica frente a la sociedad. Es en esa misma capital en donde tengo los recuerdos más hermosos de mi infancia. En mi mente viven aquellas idas a la Plaza de Quirigua de la mano con mis abuelos, degustando las deliciosas frutas que se encontraban en los estand de este icónico comercio de alimentos de la localidad de Engativá. Esos instantes siguen latentes porque cada vez que voy allá siento que mi abuela me acompaña, ignorando que hace dos años se fue a descansar al paraíso celestial al que todos un día esperamos llegar.

Desde que tengo uso de razón recuerdo con placer las visitas a la Candelaria, a la Plaza de Bolívar, al Parque Simón Bolívar, a Monserrate, al Eje Ambiental, al Parque Nacional, al Estadio El Campín (disfrutando de los clásicos Santa Fe vs Millonarios), a la Plaza de Lourdes y al Parque del Virrey; estos dos últimos lugares que fueron testigos de mis amoríos universitarios. A finales del siglo XIX, Bogotá era nombrada la «Atenas de Sudamérica” debido al gran esplendor artístico y literario que se vivía en esa época. Es justamente la ciudad centro de grandes escenarios culturales y académicos como la Biblioteca Luis Ángel Arango, el Teatro Colón, el Museo Nacional, el Museo de Arte Moderno de Bogotá MAMBO, la Media Torta, el Teatro Julio Mario Santo Domingo, y otros sinnúmero de espacios que consolidan a la urbe en la cima intelectual de la nación.

En eventos no tenemos nada que envidiar. Barranquilla tiene su carnaval, Medellín la Feria de las Flores, Valledupar el Festival Vallenato, Huila las fiestas de San Pedro, Pasto Blancos y Negros, pero Bogotá cuenta con el Festival Iberoamericano de Teatro, Rock al Parque, el Festival de Verano y la Feria del Libro; actividades que también representan nuestra identidad y arraigo.

Sin importar que algún déspota con ínfulas de costeño del mediterráneo dijera que el ajiaco es un “potaje carcelario”, no se debe desconocer la valiosa cuota que ha dado Bogotá para con la gastronomía colombiana. Es irresistible dejarse cautivar con el sabor de manjares como la changua, la fritanga, el puchero, el chocolate y tamal santafereño; aunque algunos de estos platos sean el resultado de un híbrido cultural de varios departamentos del país.

Aunque, lastimosamente, también seamos un territorio gigantesco de corrupción al ser la sede oficial del Congreso de la República y la Casa de Nariño, y de escándalos del calibre del Carrusel de la Contratación, liderado por los hermanos Moreno Rojas (avalados por el Polo Democrático), sus secuaces concejales y contratistas, somos la mayoría de ciudadanos libres que queremos una ciudad más cerca de las estrellas, sin indiferencia, humana y mejor para todos; que acogemos el legado de Rafael Pombo, Jorge Eliecer Gaitán, Jaime Garzón, Rodolfo Llinás, Juan Pablo Montoya y otros bogotanos que han sobresalido por sus ideales y sobresalientes representaciones internacionales. No hay que dejar de lado el papel de grandes mujeres bogotanas en la historia como Soledad Acosta de Samper, una de las pioneras del feminismo en Colombia, Emilia Pardo Umaña, precursora del periodismo femenino colombiano, Doris Salcedo, escultora y artista contemporánea y, por su puesto sin importar que sea del total agrado de la población, Claudia López, primera alcaldesa elegida por voto popular de la capital.

Que sean muchos más años de lucha, pluralismo y persistencia blanca estrella que alumbra en los Andes, nuestra voz la repiten los siglos.

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